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lunes, 4 de agosto de 2014

36. Encogimiento de Hombros..





 Damos comúnmente a nuestras ideas de lo desconocido el color de nuestras nociones de lo conocido: si llamamos a la muerte una nueva vida, es porque parece una cosa diferente de la vida. Con pequeños malentendidos de la realidad construimos las creencias y las esperanzas, y vivimos de las cortezas a las que llamamos panes, como los niños pobres que juegan a ser felices.

Pero así es toda la vida; así, por lo menos, es ese sistema de vida particular al que, en general, se llama civilización. La civilización consiste en dar a algo un nombre que no le compete, y después soñar sobre el resultado. Y, realmente, el nombre falso y el sueño verdadero crean una nueva realidad. El objeto se vuelve realmente otro. Manufacturamos ideales. La materia prima sigue siendo la misma, pero la forma, que el arte le ha dado, la aleja de continuar siendo efectivamente la misma. Una mesa de pino es pino pero también es mesa. Nos sentamos a la mesa y no al pino. Un amor es un instinto sexual, pero no amamos con el instinto sexual, sino con la presuposición de otro sentimiento. Y esa presuposición es ya, en efecto, otro sentimiento.
No sé que efecto sutil de luz, o ruido vago, o memoria de perfume o música, tañida por no sé qué influencia externa, me ha traído de repente, en pleno ir por la calle, estas divagaciones que anoto sin prisa, al sentarme, en el café, distraídamente. No sé adónde iba a conducir los pensamientos, o dónde preferiría conducirlos. El día es de una leve niebla húmeda y caliente, triste sin amenazas, monótono sin razón. Me duele un sentimiento que desconozco; me falta un argumento no sé sobre qué; no tengo deseo en los nervios. Estoy triste por debajo de la conciencia. Y escribo estas líneas, realmente mal-anotadas, no para decir esto, ni para decir nada, sino para dar un trabajo a mi distracción. Voy llenando lentamente, a trazos flojos de lápiz –que no tengo sentimentalismo para afilar– el papel blanco de envolver los bocadillos que me han dado en el café, porque no necesitaba uno mejor y cualquiera servía, siempre que fuese blanco. Y me doy por satisfecho. Me reclino. La tarde cae monótona y sin lluvia, con un tono de luz desalentado e inseguro... Y dejo de escribir porque dejo de escribir. 


f. p.


sábado, 2 de noviembre de 2013

Self it..


"mis escritos han quedado siempre inacabados, siempre se han entrometido nuevos pensamientos, extraordinarios, inevitables asociaciones de ideas que solo acaban en el infinito…a propósito de cualquier cosa simple, surgen diez mil pensamientos y diez mil interrelaciones entre estos diez mil pensamientos y no tengo fuerza de voluntad para detenerlos o eliminarlos. Ocurren en mí, no son pensamientos míos, sino pensamientos que pasan a través de mí.."


Pessoa dixit..

viernes, 13 de septiembre de 2013

Do que quero

De lo que quiero reniego, si el quererlo 
Me pesa en las ganas. Nada que haya 
Vale que le concedamos 
Una atención que duela. 

Mi balde expongo a la lluvia, para tener agua. 
Mis ganas, así, al mundo expongo, 
Recibo lo que me es dado, 
Y lo que falta no quiero. 

Lo que me es dado quiero 
Después de dado, grato. 

No quiero más que lo dado 
O por lo que tengo deseo.




Ricardo Reis