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domingo, 19 de octubre de 2014

Ulysses..




De nada sirve que viva como un rey inútil 
  junto a este hogar apagado, entre rocas estériles, 
  el consorte de una anciana, inventando y decidiendo 
  leyes arbitrarias para un pueblo bárbaro, 
  que acumula, y duerme, y se alimenta, y no sabe quién soy. 
 No encuentro descanso al no viajar; quiero beber 
  la vida hasta las heces. Siempre he gozado 
  mucho, he sufrido mucho, con quienes 
  me amaban o en soledad; en la costa y cuando 
  con veloces corrientes las constelaciones de la lluvia 
  irritaban el mar oscuro. He llegado a ser famoso; 
  pues siempre en camino, impulsado por un corazón hambriento, 
  he visto y conocido mucho: las ciudades de los hombres 
  y sus costumbres, climas, consejos y gobiernos, 
  no siendo en ellas ignorado, sino siempre honrado en todas; 
  y he bebido el placer del combate junto a mis iguales, 
  allá lejos, en las resonantes llanuras de la lluviosa Troya. 
 Formo parte de todo lo que he visto; 
  y, sin embargo, toda experiencia es un arco a través del cual 
  se vislumbra un mundo ignoto, cuyo horizonte huye 
  una y otra vez cuando avanzo. 
 ¡Qué fastidio es detenerse, terminar, 
  oxidarse sin brillo, no resplandecer con el ejercicio! 
 Como si respirar fuera la vida. Una vida sobre otra 
  sería del todo insuficiente, y de la única que tengo 
  me queda poco; pero cada hora me rescata 
  del silencio eterno, añade algo, 
  trae algo nuevo; y sería despreciable 
  guardarme y cuidarme el tiempo de tres soles, 
  y refrenar este espíritu ya viejo, pero que arde en el deseo 
  de seguir aprendiendo, como se sigue a una estrella que cae, 
  más allá del límite más extremo del pensamiento humano. 


 Éste es mi hijo, mi propio Telémaco, 
  a quien dejo el cetro y esta isla. 
 Lo quiero mucho; tiene el criterio para triunfar 
  en esta labor, para civilizar con prudente paciencia 
  a un pueblo rudo, y para llevarlos lentamente 
  a que se sometan a lo que es útil y bueno. 
 Es del todo impecable, dedicado completamente 
  a los intereses comunes, y se puede confiar 
  en que sea compasivo y cumpla los ritos 
  con que se adora a los dioses tutelares 
  cuando me haya ido. Él hace lo suyo, yo, lo mío. 


 Allí está el puerto; el barco extiende sus velas; 
  allí llama el amplio y oscuro mar. Vosotros, mis marineros, 
  almas que habéis trabajado y sufrido y pensado junto a mí, 
  y que siempre tuvisteis una alegre bienvenida 
  tanto para los truenos como para el día despejado, recibiéndolos 
  con corazones libres e inteligencias libres, vosotros y yo hemos envejecido. 
 La ancianidad tiene todavía su honra y su trabajo. 
 La muerte lo acaba todo: pero algo antes del fin, 
  alguna labor excelente y notable, todavía puede realizarse, 
  no indigna de quienes compartieron el campo de batalla con los dioses. 
 Las estrellas comienzan a brillar sobre las rocas: 
  el largo día avanza hacia su fin; la lenta luna asciende; los hondos 
  lamentos son ya de muchas voces. Venid, amigos míos. 
 No es demasiado tarde para buscar un mundo nuevo. 
 Zarpemos, y sentados en perfecto orden hiramos 
  los resonantes surcos, pues me propongo 
  navegar más allá del poniente y el lugar en que se bañan 
  todos los astros del occidente, hasta que muera. 
 Es posible que las corrientes nos hundan y destruyan; 
  es posible que demos con las Islas Venturosas, 
  y veamos al gran Aquiles, a quien conocimos. 
 A pesar de que mucho se ha perdido, queda mucho; y, a pesar 
  de que no tenemos ahora el vigor que antaño 
  movía la tierra y los cielos, lo que somos, somos: 
  un espíritu ecuánime de corazones heroicos, 
  debilitados por el tiempo y el destino, pero con una voluntad decidida 
  a combatir, buscar, encontrar y no ceder. 



t. 



domingo, 27 de abril de 2014

El viaje de los magos..



“Qué helada travesía,
Justo la peor época del año
Para un viaje, y un viaje tan largo:
Los caminos hondos y el aire ríspido,
Lo más recio del invierno”.
' Y los camellos llagados, sus patas adoloridas, refractarios,
Tendidos en la nieve que se derretía.
A veces añorábamos
Los palacios de verano en las cuestas, las terrazas,
Y las niñas sedosas que nos servían sorbetes.
Iban los camelleros blasfemando, mascullando,
Huyendo, y pidiendo licor y mujeres,
Y las fogatas se extinguían y no había refugios,
Y las ciudades hostiles y los pueblos agresivos
Y las aldeas sucias y caras:
Cuánto tuvimos que aguantar.
Al final preferimos viajar de noche,
Dormir a ratos,
Con las voces cantando en nuestros oídos, diciendo
Que todo esto era locura.

Entonces llegamos al amanecer a un valle templado,
Húmedo, lejos de las nieves perpetuas, y olía a vegetación;
Con un arroyo y un molino de agua que golpeaba la oscuridad,
Y en el horizonte tres árboles,
Y un viejo caballo blanco se fue galopando hacia la pradera.
Luego llegamos a una taberna con hojas de parra en el dintel,
Seis manos junto a una puerta abierta
Jugaban a los dados por un poco de plata,
Y alguien pateaba los odres vacíos de vino,
Pero no había información, y seguimos
Y llegamos al anochecer, y justo a tiempo
Encontramos el lugar; era (podríamos decir) satisfactorio.

Todo esto fue hace mucho tiempo, recuerdo,
Y yo lo volvería a hacer, pero que quede
Esto claro que quede
Esto: ¿nos llevaron tan lejos
Por un Nacimiento o por una Muerte? Hubo un Nacimiento,
Teníamos pruebas y ninguna duda. Yo había visto nacer y morir,
Pero pensaba que eran distintos: este Nacimiento
Nos sometió a una dura y amarga agonía,
Como la Muerte, nuestra muerte.
Regresamos a nuestros lugares, estos Reinos,
Pero ya no estamos en paz aquí, bajo la antigua ley.
Con un pueblo extraño aferrado a sus dioses.
Cuánto gusto me daría otra muerte
.


t. s. e. 


martes, 4 de marzo de 2014

Flores y Hombres..





Las flores logran florecer, y es un milagro.

Los hombres no alcanzan su propia hombría, ¡ay,                                                      
                                                                           ay de ellos!

Todo lo que quiero de ustedes, hombres y mujeres;
Lo único que quiero de ti,
Es que logren su belleza
Tal como las flores.

Oh, no estoy diciendo que sean salvajes
Díganme, ¿es acaso salvaje la genciana, en la cresta de su áspero tallo?
Oh ¿qué responder ante estos azules?
…de la genciana y el narciso…

¡Díganme! ¡díganme! ¿existe en ustedes una belleza que pueda compararse
Con la madreselva que en la instantánea noche
Vertiendo va su aliento?



D. H. Lawrence


martes, 10 de diciembre de 2013

Fata Morgana


Un fantasma de ojos azules se ríe    
en la distancia, saltando hacia el poniente:    
por un camino que persigo eternamente,    
Tomo aliento y hacia allí voy.    

La luz del sol se quiebra gota a gota:    
va cantando y saltando alto    
entre las flores con un sonido de ensueño,    
en una canción de sueños.    

Me río, es tan rápido y alegre;    
tan distante que llora mi fantasía:    
Espero que pueda yacer algún día,    
yacer por siempre y soñar.   



Christina Rossetti