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jueves, 10 de mayo de 2012

Los motivos de Medusa


“aquellos esqueletos electromagnéticos estaban allí para mantener un diálogo
 cuya fórmula aún se me escapaba.”
U. E.



I


Acababa de dar el salto criogénico.
Una manera de viajar en el tiempo, la más primitiva, la única.
El despertar nunca era agradable. Las náuseas lo persiguieron durante ese estadio de duermevela y ceguera transitoria que caracteriza al restablecimiento de funciones en un cuerpo que ha estado sometido a hibernación por largos períodos. Supo de inmediato que seguía metido en esa pequeña cámara, tan semejante a un ataúd. No obstante el malestar físico, la inquietud lo asaltaba: sentía gran apremio por abrir los ojos y recorrer los nuevos paisajes que el mundo y la humanidad se habían encargado de crear; necesitaba, también, escuchar la tranquilizadora voz de un compañero, de una persona a quien pudiera interrogar sobre los acontecimientos ocurridos durante su larga ausencia del mundo consciente. Muy a su pesar, reconoció que el intento hubiera sido inútil: el caos, la desorientación y varias y extensas lagunas —increíble que a estas alturas la tecnología no hubiera logrado compensar esa deficiencia en las cámaras criogénicas, pensó— poblaban su cerebro, impidiendo la secuencia lógica e ideal de sus procesos mentales.
No supo cuánto tiempo pasó en recuperación: su reloj orgánico, al igual que otras funciones fisiológicas, tardaron en readaptarse al curso ordinario, al periodo oscilatorio de ese péndulo cósmico que rige la vida de la humanidad. Un pensamiento invadió su mente, alegrándolo: “hice trampa”.
Y tenía razón.



II

En algún momento había aparecido a su lado. Su mente lo registró de manera tangencial, casi aislada. Breves esbozos en la conciencia: manos frías, jeringas, pastillas y el pelo. Era eso lo que más había llamado su atención desde el primer instante. Ahora sabía el porqué y aun así seguía impresionándolo.
Otra imagen grabada y persistente: la sensación de que una anciana lo orbitaba, observándolo, renqueando. También para esto había explicación.
Ella era robot.
No podía ser de otra manera, se requería exactitud y eficiencia para llevar a cabo la deshibernación.