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jueves, 23 de octubre de 2025

JAZZ - LILITH


Con mis ojos escucho, con mis ojos
de menta y de cristal desmesurado.

Con mis ojos de piano en el ocaso,
con mis ojos de tigre y de cerezo.

Con mis ojos escucho los acordes,
los desgarrados sones de la tarde,
los sones del amor y del sollozo,
los muslos que se acercan por el cielo.

Con mis ojos escucho tantas selvas,
tantas selvas de furia y de carbunclos.

Con mis ojos de piano, con mis ojos
de hoguera abandonada en el desierto.

Los acordes se rompen en el canto,
los acordes se quiebran en los árboles,
los muslos se acercan por el cielo,
los muslos de magnolia y de ceniza.

Con mis ojos escucho los dos muslos,
con mis ojos de menta y de asesino,
con mis ojos de músico extraviado.

 

 

j.e.cirlot 

miércoles, 10 de junio de 2015

Requiem



                                         

Yo soy un hombre muerto al que llaman Pertur. 
En la cena de los hombres quién sabe si mi nombre 
algo aún será: ceniza en la mesa 
o alimento para el vino. 
Los bárbaros no miran a los ojos cuando hablan. 
Como una mujer al fondo del recuerdo 
yo soy un hombre muerto al que llaman Pertur. 



l.m.p.      






lunes, 8 de junio de 2015

Gestos..







Una mirada, un gesto, 
cambiarán nuestra raza. Cuando actúa mi mano, 
tan sin entendimiento y sin gobierno, 
pero con errabunda resonancia, 
calor y compañía en este espacio 
en donde tantas otras 
han vibrado, ¿qué quiere 
decir? Cuántos y cuántos gestos como 
un sueño mañanero, 
pasaron. Como esa 
casera mueca de las figurillas 
de la baraja: aunque 
dejando herida o beso, sólo azar entrañable. 


Más luminoso aún que la palabra, 
nuestro ademán, como ella 
roído por el tiempo, viejo como la orilla 
del río, ¿qué 
significa? 
¿Por qué desplaza el mismo aire el gesto 
de la entrega o del robo, 
el que cierra una puerta o el que la abre, 
el que da luz o apaga? 
¿Por qué es el mismo el giro del brazo cuando siembra 
que cuando siega, 
el de amor que el de asesinato? 


Nosotros, tan gesteros pero tan poco alegres, 
raza que sólo supo 
tejer banderas, raza de desfiles, 
de fantasías y de dinastías, 
hagamos otras señas. 
No he de leer en cada palma, en cada 
movimiento, como antes. No puedo ahora frenar 
la rotación inmensa del abrazo 
para medir su órbita 
y recorrer su emocionada curva.


No, no son tiempos 
de mirar con nostalgia 
esa estela infinita del paso de los hombres. 
Hay mucho que olvidar 
y más aún que esperar. Tan silencioso 
como el vuelo del búho, un gesto claro, 
de sencillo bautizo, 
dirá, en un aire nuevo, 
su nueva significación, su nuevo 
uso. Yo solo, si es posible, 
pido, cuando me llegue la hora mala, 
la hora de echar de menos tantos gestos queridos, 
tener fuerza, encontrarlos 
como quien halla un fósil 
[ acaso una quijada aún con el beso trémulo ] 
de una raza extinguida.



c.r.




martes, 10 de febrero de 2015

. . Tierra y Luna..


Me quedo con el transparente hombrecillo
que come los huevos de la golondrina.

Me quedo con el niño desnudo
que pisotean los borrachos de Brooklyn,
con las criaturas mudas que pasan bajo los arcos.

Con el arroyo de venas ansioso de abrir sus manecitas.


Tierra tan sólo. Tierra.

Tierra para los manteles estremecidos,
para la pupila viciosa de nube,
para las heridas recientes y el húmedo pensamiento.

Tierra para todo lo que huye de la tierra.

[A Week of Kindness or The Seven Deadly Elements]

No es la ceniza en vilo de las cosas quemadas,
ni los muertos que mueven sus lenguas bajo los árboles.

Es la tierra desnuda que bala por el cielo
y deja atrás los grupos ligeros de ballenas.


Es la tierra alegrísima, imperturbable nadadora.
la que yo encuentro en el niño y en las criaturas que pasan los arcos.

¡Viva la tierra de mi pulso y del baile de los helechos,
que deja a veces por el aire un duro perfil de Faraón!


Me quedo con la mujer fría
donde se queman los musgos inocentes,
me quedo con los borrachos de Brooklyn
que pisan al niño desnudo;
me quedo con los signos desgarrados
de la lenta comida de los osos.


Pero entonces baja la luna despeñada por las escaleras,
poniendo las ciudades de hule celeste y talco sensitivo,
llenando los pies de mármol la llanura sin recodos,
y olvidando, bajo las sillas, diminutas carcajadas de algodón.


¡Oh Diana, Diana, Diana vacía!
Convexa resonancia donde la abeja se vuelve loca.

Mi amor de paso, tránsito, larga muerte gustada,
nunca la piel ilesa de tu desnudo huido.


Es tierra, ¡Dios mío!, tierra, lo que vengo buscando.

Embozo de horizonte, latido y sepultura.

Es dolor que se acaba y amor que se consume,
torre de sangre abierta con las manos quemadas.


Pero la luna subía y bajaba las escaleras,
repartiendo lentejas desangradas en los ojos,
dando escobazos de plata a los niños de los muelles
y borrando mi apariencia por el término del aire.



g. l.



jueves, 2 de octubre de 2014

Café & cigarrillos..




Salgo del trabajo. Los huesos, el cuerpo entero
  dulcemente dolorido, como -a veces-
  después de un polvo de los buenos.
 La luna, sajada en dos pedazos, me recuerda
  el ojo ese famoso de Buñuel,
  asomada un tanto tenebrosamente
  por encima de los árboles.
 El coche no me arranca. El parabrisas
  es una roca enorme y congelada.
 Así que vuelvo a casa andando,
  velado el claqueteo de mis pasos
  por la luna, la cabeza
  llena de café caliente y cigarrillos.
 Llego al portal y me detengo,
  soplándome en las manos, bajo 
  el arco de luz que proyecta la ventana
  sobre el hielo, la hierba sucia y abrasada.
 Y al otro lado de esa luz te encuentras tú.

Y es que un hombre necesita en esta vida
  otras cosas que no sean
  lunas surrealistas, coches, oscuras
  películas de Luis Buñuel.



r. w.


martes, 1 de julio de 2014

Menage a Trois..




  Por mucho que lo intenté no pude ver el rostro del chófer, algo así como un cosaco que conducía nuestro auto. Junto a mí viajaba una mujer enlutada de una distinción de diosa, de una palidez de alba. No la conocía. Pero sentía despertarse mi piel empapada de lujuria. Atravesábamos un paisaje sin cielo, sin cielo hasta perderse de vista. La tierra se hallaba cubierta de lores negras que exhalaban un penetrante aroma a alcoba de mujer. 

 Mi desconocida mandó detener al chófer junto a un gran lago repleto, un lagrimal repleto de angustia. “Este es –me dijo- el lagrimal repleto lago de angustia”. No le hice caso, ocupado como me hallaba ahora en besarle el pecho entre los senos que ella ocultaba con las manos, llorando sin consuelo, sin fuerzas casi para defenderse de mi lascivia. 

 Hasta nosotros llegó el chófer con la gorra en la mano no sé a qué. Creí reconocer su rostro y ya no me cupo duda sobre su personalidad cuando con una sonrisa exclamó: “Lago, amigo mío”. Loco de contento repuse: “Eres tú, mío lago amigo viejo lagrimal”. Con que alborozo nos acogimos, abrazándonos con una alegría de resurrección de los muertos. 

 Junto a nosotros acababa de detenerse un entierro. Amortajada en el ataúd yacía la dama desconocida de momentos antes. ¡Pálida lor de carne sin saber cantar! Aún resbalaba por su mejilla la última lágrima detenida milagrosamente en el pómulo como un pájaro en la rama. 

 Mi amigo se precipitó a ella y la besó frenéticamente en los labios, en los labios que de lívidos fueron insensiblemente transformándose en verdes, luego en rojos, luego en fuego, luego en inierno. 

 Comencé a sentir un odio mortal por el chófer que ya no era mi amigo. Comencé a sentir una repugnancia sin límites por aquel gusto de limón en llamas que debían dejar en sus labios los labios insepultos de la desconocida.


 l. b.


martes, 10 de junio de 2014

Esta noche no hubo luna..


                                    
Ahora camino de noche
  porque las noches son claras..
 Y esta noche no hubo luna,
  no hubo luna amiga y blanca..
  y había pocas estrellas,
  pocas estrellas y pálidas..

 Y era todo triste sin la luna amiga..
  y era todo negro sin la luna blanca..

 No se veía la cinta
  de la carretera larga..
  los olivos del recuesto
  apenas se dibujaban..
  un murciélago pasó
  rozándome la cabeza con el ala..
  y me ladraron los perros
  en los bancales con saña.
 Sin luna todo era negro y triste..
  vi una luz allá lejana..
  y, a tientas, fui hasta la luz
  y en la luz pedí posada..

 Esta noche no hubo luna...
  no hubo luna amiga y blanca..
 Y recordé aquella noche
  en que no vino mi amada..

  y en que yo loco de amor,
  lleno de fiebre y de ansias..
  hice también alto
  en la primera posada..



 l. f.            

sábado, 31 de mayo de 2014

IX..

                                             

Y ¿qué más? Cuando al cielo levantados
 se ignoran a sí mismos los sentidos,
 a la tierra apegados
 por el deber y la palabra unidos,
 yo vi muchos amantes muy queridos
 de corazón y de hechos separados,
 hallándose en la luna confundidos
 con sombras de otros seres adorados:
 amantes que, aunque buenos y dichosos,
 persiguiendo ardorosos
 cansados de lo real, sueños livianos,
 se quieren en la tierra como hermanos,
 y tienen en la luna otros esposos. 

                                                          r. d  c. 


miércoles, 21 de mayo de 2014

Las palabras..


                     

  Las palabras  son inútiles,  tercas,  retorcidas
   como tornillos  que  no  entran  rectos.
  Y me cansan.  Pero  son  lo  único  que  tengo.
  Los  juguetes  de  un  niño  pobre.
  Yacen  destripadas  a  mi  alrededor.
  Todo  su encanto  se derrama por  sus  vientres  abiertos.
  El mecanismo  hace  tiempo  que  dejó  de  resultar
                                                 intrigante  o  atractivo.
  No  hay  desafío.  No  hay  chispa.  No  hay  color.
  El mundo  es  tan  gris  como  mi  asco.
  Las palabras  son  los  puntales  de  mi abulia.
  Pero  son   –lo he dicho, lo repito–   lo único que tengo.

                                     r. w.           

El hombre de acción..


                                        Invertir cerca de un paquete
                                         de cigarrillos
                                         en la escritura
                                         de un poema
                                         de apenas ocho versos. 
                                        Pequeños riesgos
                                         de la gran literatura
                                         contemporánea.


                                                                                                                                     r. w.


sábado, 10 de mayo de 2014

El Basilisco..


                   

Escándalo del Egipto, / tú, que infamando la Libia 
miras para la salud / con médicos y boticas; 
tú, que acechas con guadañas / y tienes peste por niñas, 
y no hay en Galicia pueblo / que tenga tan malas vistas; 
tú, que el campo de Cirene / embarazas con insidias, 
y a toda vida tus ojos / hacen oficio de espías; 
tú, que con los pasos matas / todas las hierbas que pisas 
y sobre difuntas flores / llora mayo sus primicias; 
a la primavera borras/ los pinceles que anticipa, 
y el año recién nacido / en columbrándote expira; 
tú, con el agua que bebes / no matas la sed prolija, 
que tu sed mata las aguas / si las bebes o las miras. 

Enfermas con respirar / toda la región vacía 
y vuelan muertas las aves / que te pasan por encima. 
 
De todos los animales / en quien la salud peligra 
y su veneno la tierra / flecha contra nuestras vidas, 
tanto peligran contigo / los que en veneno te imitan 
como los que son contrarios / al tósigo que te anima. 
 
Ansí pues, nunca a tu cueva / se asome Santa Lucía, 
que si el mal quita a los ojos / desarmará tu malicia, 
que me digas si aprendiste / a mirar de mala guisa 
del ruin que se mira en honra, / de los celos o la invidia. 
 
Dime si te dieron leche / las cejijuntas, las bizcas, 
si desciendes de los zurdos, / si te empollaron las tías. 
 
Ojos que matan, sin duda / serán negros como endrinas, 
que los azules y verdes / huelen a pájara pinta. 
 
Si está vivo quien te vio, / toda tu historia es mentira
pues si no murió, te ignora, / y si murió, no lo afirma, 
si no es que algún basilisco / cegó en alguna provincia, 
y con bordón y con perro / andaba por las ermitas. 
Para pisado eres bueno, / que la Escritura lo firma, 
pues sobre ti y sobre el áspid / dice que el justo camina. 
 
Llevarte en cas de busconas / es sola tu medicina, 
pues te sacarán los ojos / por cualquiera niñería. 



f. d  q.


sábado, 26 de abril de 2014

Teoría..

4.


Las llaves de una puerta que no se abrirá nunca
en el fondo del mar
negación de la ola, fragilidad inmensa
las noches son frías en Marruecos, lo decía O.
[a quien también gustaban las ostras] los pájaros
como Gulliver clavado por medio de estacas, o vampiro
en el fondo del mar
                            el terciopelo
cantaba una amarga, endurecida canción
en el desierto hace frío
caía nieve del cielo
o como si lloviera piedras
que dan el sueño, perlas
color del fuego, fuego
en que arde la bruja: bruja
de chocolate: son frías
como el fuego
llama de cristal [de lo vencido
nace un resplandor, o flores
                                          hongos
                                                     Ulm
ganó en la batalla todo menos su vida
que hubo de perder para ganarla Ulm
vivía en los bosques y muerto el leopardo
que defendía [junto con el lobo, y un tercer animal
de cuyo nombre no quiero acordarme]
la entrada a la montaña, y los árboles cortados
vaguedad precisa si no se quiere
flotar es lo mejor es hundirse aquellos ojos
de ahogado que ya no miraban
quizá porque veían [con los huesos
de un ahogado puede hacerse un pastel
                                                  con los huesos
con una planta carnívora Ulm
derrotó a ejércitos armados tan sólo de caballos
groseros y móviles la espada
la espada
             [espadas
antiguas sollozan entre las ramas           Espada
en la roca, o nudo
luna torre espejo
mudo
ya no era un mono dame
tu mano niño de cabellos verdes
que no tienes manos.

l. m. p


sábado, 8 de marzo de 2014

La Soledad..




Hablo de soledad
porque estoy solo.
Soledad es un pez que nada el tiempo, 
la soledad es una puerta abierta
que da a puertas abiertas 
y vacías. 
No es ausencia de gente el estar solo. 
Es ausencia de mí entre la gente. 
El que no está soy yo, 
y ellos no saben, 
soledad es morirse a cualquier hora 
junto al museo de los medicamentos. 

   Soledad es un agua que no hay, 
un sol que se ha dormido en los cristales, 
silla que no hace juego, 
un hueco en la memoria, 
soledad es un hombre solitario 
que se acerca a mirar las papeleras. 

Hoy me he visto a mí mismo, 
fastuoso de soledad, como un mendigo, 
mirando una lejana papelera 
y sacando un periódico del fondo, 
que es el mismo que lleva en el bolsillo, 
porque lo sacó ayer, y así por siempre. 



f. u.