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sábado, 17 de agosto de 2013

8 o' clock in the morning..

Al final del espectáculo, el hipnotizador les dijo a los hipnotizados: “Despertad”.
& algo extraordinario sucedió.



Uno de los hipnotizados despertó del todo. Esto nunca había sucedido antes. Su nombre era George Nada y parpadeó entre el mar de caras en el teatro, al principio sin ser consciente de nada fuera de lo habitual. Entonces observó, moteadas aquí y allá en la multitud, las caras no humanas, las caras de los fascinadores. Habían estado allí todo el tiempo, claro, pero sólo George estaba realmente despierto, así sólo George les reconoció por lo que eran. Lo entendió todo en un instante, incluyendo el hecho de que si él iba a dar alguna señal al exterior, los fascinadores inmediatamente le ordenarían regresar a su estado anterior, y él obedecería.

Dejó el teatro, saliendo afuera, a la noche de neón, evitando cuidadosamente cualquier indicación de que veía la carne verde y reptiliana o los múltiples ojos amarillos de los dominadores de la Tierra. Uno de ellos le preguntó: “¿Tienes fuego, socio?”. George le dió fuego, y luego siguió su camino.

De vez en cuando, a lo largo de la calle George veía los carteles colgantes con fotografías de los múltiples ojos de los fascinadores y varias órdenes impresas bajo ellos, tales como, “trabaja ocho horas, juega ocho horas, duerme ocho horas” y “cásate y reprodúcete”. Un TV en la ventana de una tienda captó el ojo de George, pero él miraba aparte, a la señal de la hora. Cuando no miraba al fascinador en la pantalla, podía resistir la orden, “sigue sintonizado esta emisora”.

George vivía solo en una pequeña pensión, y tan pronto como llegó a casa, lo primero que hizo fue desenchufar el TV. Aunque podía oír en otras habitaciones los Tv de sus vecinos. La mayoría del tiempo las voces eran humanas, pero de vez en cuando oía los arrogantes graznidos extraños como de pájaro, de los extraterrestres. “Obedece al gobierno”, decía un graznido. “Somos el gobierno”, decía otro. “Somos tus amigos, tu harías cualquier cosa por un amigo, ¿no?”.

“¡Obedece!”
“¡Trabaja!”

Repentinamente sonó el teléfono.