viernes, 28 de noviembre de 2025
Colinas como elefantes blancos
miércoles, 12 de noviembre de 2025
LA CRUZA
Tengo un animal curioso, mitad gatito, mitad cordero. Es una herencia de mi padre. En mi poder se ha desarrollado del todo; antes era más cordero que gato. Ahora es mitad y mitad. Del gato tiene la cabeza y las uñas, del cordero el tamaño y la forma; de ambos los ojos, que son huraños y chispeantes, la piel suave y ajustada al cuerpo, los movimientos a la par saltarines y furtivos. Echado al sol, en el hueco de la ventana, se hace un ovillo y ronronea; en el campo corre como loco y nadie lo alcanza. Dispara de los gatos y quiere atacar a los corderos. En las noches de luna su paseo favorito es la canaleta del tejado. No sabe maullar y abomina de los ratones. Horas y horas pasa en acecho ante el gallinero, pero jamás ha cometido un asesinato».
»Lo alimento con leche; es lo que le sienta mejor. A grandes tragos sorbe la leche entre sus dientes de animal de presa. Naturalmente es un gran espectáculo para los niños. La hora de visita es los domingos por la mañana. Me siento con el animal en las rodillas y me rodean todos los niños de la vecindad.
»Se plantean entonces las más extraordinarias preguntas, que no puede contestar ningún ser humano: Por qué hay un solo animal así, por qué soy yo su poseedor y no otro, si antes ha habido un animal semejante y qué sucederá después de su muerte, si no se siente solo, por qué no tiene hijos, cómo se llama, etcétera. No me tomo el trabajo de contestar; me limito a exhibir mi propiedad, sin mayores explicaciones. A veces las criaturas traen gatos; una vez llegaron a traer dos corderos. Contra sus esperanzas no se produjeron escenas de reconocimiento. Los animales se miraron con mansedumbre desde sus ojos animales, y se aceptaron mutuamente como un hecho divino. En mis rodillas el animal ignora el temor y el impulso de perseguir. Acurrucado contra mí, es como se siente mejor. Se apega a la familia que lo ha criado. Esa fidelidad no es extraordinaria; es el recto instinto de un animal, que aunque tiene en la tierra innumerables lazos políticos, no tiene uno solo consanguíneo, y para quien es sagrado el apoyo que ha encontrado en nosotros.
»A veces tengo que reírme cuando resuella a mi alrededor, se me enreda entre las piernas y no quiere apartarse de mí. Como si no le bastara ser gato y cordero quiere también ser perro. Una vez —eso le acontece a cualquiera— yo no veía modo de salir de dificultades económicas, ya estaba por acabar con todo. Con esa idea me hamacaba en el sillón de mi cuarto, con el animal en las rodillas; se me ocurrió bajar los ojos y vi lágrimas que goteaban en sus grandes bigotes. ¿Eran suyas o mías? ¿Tiene este gato de alma de cordero el orgullo de un hombre? No he heredado mucho de mi padre, pero vale la pena cuidar este legado.
»Tiene la inquietud de los dos, la del gato y la del cordero, aunque son muy distintas. Por eso le queda chico el pellejo. A veces salta al sillón, apoya las patas delanteras contra mi hombro y me acerca el hocico al oído. Es como si me hablara, y de hecho vuelve la cabeza y me mira deferente para observar el efecto de su comunicación. Para complacerlo hago como si lo hubiera entendido y muevo la cabeza. Salta entonces al suelo y brinca alrededor.
»Tal vez la cuchilla del carnicero fuera la redención para este animal, pero él es una herencia y debo negársela. Por eso deberá esperar hasta que se le acabe el aliento, aunque a veces me mira con razonables ojos humanos, que me instigan al acto razonable».
Franz Kafka.
martes, 17 de junio de 2025
LA PARTIDA
Ordené que trajeran mi caballo del establo. El sirviente no entendió mis órdenes. Así que fuí al establo yo mismo, le puse silla a mi caballo, y lo monté. A la distancia escuché el sonido de una trompeta, y le pregunté al sirviente qué significaba. El no sabía nada, y escuchó nada. En el portal me detuvo y preguntó: "¿A dónde va el patrón?" "No lo sé", le dije, "simplemente fuera de aquí, simplemente fuera de aquí. Fuera de aquí, nada más, es la única manera en que puedo alcanzar mi meta". "¿Así que usted conoce su meta?", preguntó. "Sí", repliqué, "te lo acabo de decir. Fuera de aquí, esa es mi meta".
martes, 20 de agosto de 2024
ENCICLOPEDIA - Francisco Hinojosa
UNO
No comprendo las razones de la Dirección. Me pidieron que diera un llamado Curso General y ahora no saben cómo pararlo. Es claro el boicot que me han declarado las autoridades administrativas, la Junta de Gobierno y el Colegio de Profesores.
La idea, ciertamente innovadora, y por lo tanto no exenta de riesgos, de impartir una cátedra amplia a los preuniversitarios provino de ellos. Un estudiante con conocimientos amplios seguramente elegiría una mejor carrera y tendría mayores perspectivas de vida que uno ignorante del mapa del conocimiento: la era de las especialidades ha llegado a su fin. Qué duda.
Ciertamente yo reunía todas las aptitudes impuestas al perfil que diseñaron: hay pocos enciclopedistas en el mundo que se precien de conocer los principales compendios del saber humano. Más aún: saberlos, practicarlos, ejecutarlos.
Además, precisamente eso significa enciclopedia: "ciclo educativo completo".
Ellos me buscaron con una importante suma de dinero por delante, me obligaron a renunciar a mi puesto de profesor de asignatura en la Universidad de Browninburgo.
¿Y ahora? Ahora quieren echarme. Quieren echarme por cumplir cabalmente con las tareas que me asignaron. Si no, ¿qué significan todos esos nuevos reglamentos aprobados, sin duda, para entorpecer mis enseñanzas?
Por lo demás, es un hecho que mi clase es tan popular que antes los alumnos preferían reprobar el examen con tal de volver a cursar la materia conmigo. hoy no es posible: el reglamento prohíbe repetir. Y la verdad, no sé aún qué les gusta más: las clases en sí, mi manera de exponer los temas, la sorpresa, el espíritu enciclopedista o yo mismo.
He dado cursos de muchas cosas: de Literatura Escandinava Medieval (especialmente el Gylfaginning y el Skáldskaparmá), de Artes Marciales, de Cocina Práctica para Horno de Microondas, de Administración de Hospitales y de Casas de Cuna, de Orografía de los Andes y los Alpes, de Latín Vulgar, de Dominó, de Arpa Jarocha y de Lavado de Ropa. Etcétera.
Y no todo ha sido capricho mío. Los pupilos lanzan al aire sus dudas y sus apetitos de conocimiento. Me preguntan: ¿Cómo se cultivan las zanahorias? ¿Es Hitler lo que nos han enseñado en los cursos de Historia? ¿Cree usted que Andy Warhol era un artista de vanguardia? ¿La marihuana causa adicción? ¿La cocaína? Etcétera. ¿La reacción profesional? : Cursos sobre Cultivo de las Raíces, Historia de la Segunda Guerra Mundial, El Arte y los Artilugios en el Siglo XX, Bondades y efectos de las Drogas e Introducción a Escohotado.
Mis respuestas, por las que fui requerido en el Colegio, tenían que ser "la materia didáctica" del Curso. De eso no me cabe la menor duda. ¿Enseñar todo? Imposible. De cualquier manera, si ése hubiera sido el reto, habría llegado a lo mismo: el Cultivo de las Raíces, las Bondades de la Marihuana, etcétera.
Todos los días me abordan estudiantes para decirme que tal o cual enseñanza mía les ha sido útil en la vida. algunos ejemplos: luego del curso que impartí sobre Elaboración de Aguardientes, uno de mis alumnos más avanzados compró una destilería y hoy es un tipo rico y próspero que me regala cada tres meses diez litros de aguardiente de caña con hierbas finas. Aguedita Minolta es conductora de un taxi, según me dice, gracias a la clase que di sobre Trabajos Alternativos. Lucas Vidal, alias El Muerto, tiene un consultorio homeopático que rige según los conocimientos que adquirió conmigo. Etcétera. Los casos de Chema Godoy (narrador), Irene Tournier (elevadorista), Chuy Mendieta (diputado) y Jerónima Salvatierra (lanzadora de jabalina) me llenan de gozo porque sé que su actual vida se gestó en alguna de mis cátedras.
Los problemas con la Dirección empezaron con mi clase de Técnicas de Besado. Susan Roth -estudiante de Chicago, con aspiraciones a ser actriz de reparto- preguntó, en el curso que di sobre Conversar es Humano: ¿nos podría enseñar, maestro, cómo besar ante una cámara? Por supuesto que al día siguiente impartí la materia Cómo Besar Ante los Otros. Para eso fui contratado, según me dijeron, para enseñar.
Sin embargo, el profesor de Dibujo Geométrico se inconformó con mi materia, llevó el caso ante la Junta de Gobierno y me enviaron una "reprimenda".
Viendo a Hannibal ad portas llamé a la Universidad de Browninburgo para solicitar mi reingreso, me aceptaron de nuevo en su nómina, renuncié al director, me pidió que no me fuera: que modificaría el reglamento. Al fin, decidí quedarme.
El caso es que ahora todo el mundo está en mi contra.
Los colegas me aceptan como profesor. Me saludan cada vez que nos topamos en la cafetería o en los pasillos. Incluso comí con el decano Rasgado la semana pasada y no se incomodó conmigo. La maestra de Tablas Gimnásticas me regaló una virgen que ella misma pintó. Y así: en apariencia soy un maestro más.
Pero en el fondo: he sentido el desprecio de muchos colegas: Huberto, Fiur, don Robert Tapia, la dulce Catita, Lope, Poncelis y la doctora Angelina. No me cabe la menor duda: Veritas odium parit para alguien que Vitam impendere vero.
DOS
Ya comparecí ante a Junta de Gobierno para exponer los fundamentos de mi Curso. Me cuestionaron mucho sobre mi técnicas pedagógicas, en especial las concernientes a los subtemas de las áreas de práctica Sexual, Consumo de Drogas y Cocina para Dos.
Como al día siguiente me tocaba responder a la pregunta de Rolando Rijosa, "¿Cómo escoger entre una cosa y otra?", expuse ante la Junta el abecé de mi clase Fundamentos de la Elección y el Libre Albedrío.
Supongo que mi exposición fue algo más que elocuente ya que los indecisos tomaron postura (en especial el vacilante Poncelis y la inestable doctora Angelina): sería expulsado del Colegio por los siguientes motivos:
viernes, 29 de mayo de 2020
En el Cafè - (Cuento) Kjell Askildsen..
domingo, 7 de agosto de 2016
Tres Cuentos - Leonora Carrington
Angelito estaba enfermo. Tenía gripa.
Su mamá lo encerró en su cuarto.
—Angelito, no te vayas a levantar de tu camita —dijo.
—No mamá —contestó Angelito.
Apenas se fue, Angelito se levantó y abrió la ventana.
Abajo pasaba una señora.
Angelito le hizo pipí encima.
La señora dijo: "Está lloviendo", y corrió.
A Angelito le gustó esto.
Tomó más té de manzanilla, para tener más pipí.
Pasó un señor y Angelito volvió a hacer pipí.
El sombrero del señor estaba todo mojado de pipí
—¡Te pego! —le gritó muy enojado.
Angelito se escondió.
El señor se fue gritando. —¡Gente cochina!
Angelito se quedó en su cama hasta que vio venir al elefante
y el caballo.
Les hizo pipí.
El elefante subió al cuarto y se comió la camita de Angelito.
El caballo se subió sobre el armario y chupó la pintura de la pared.
Después hizo caca en el té de manzanilla.
—¿ Ya ves ? —dijo el elefante.
En su tiempo de luna pequeña, camina el monstruo por esta
calle.
No tiene domicilio.
Ni esposo.
Ni madre.
Ni padre.
Ni hijos.
Pero sí tiene seis patas
y una joya de oro y perlas, donde guarda
el retrato de Don Ángel Vidrio González
—Jefe del Departamento Sanitario—.
El monstruo dice:
Cincos y cuatros.
Cincos y cuatros.
Cincos y cuatros...
Después hace el total.
La mujer blanca se vistió de negro.
Todito negro y negro.
Hasta sus mismas pijamas y su jabón.
Negro y negro todas sus cosas.
Como la noche, como el carbón.
Pero
Cuando lloraba aquella mujer
sus lágrimas eran azules
y verdes como los periquitos.
Lloraba mucho aquella mujer
y tocaba la flauta.
La
Mujer
Blanca
Vestida
De
Negro
Llorando
Y
Tocando
Su
Flauta.
sábado, 23 de abril de 2016
Investigaciones de un perro..
Recuerdo un suceso de mis primeros años. Experimentaba la feliz e inexplicable excitación que sin duda todos experimentamos en la niñez; era un perro muy joven; todo me gustaba, todo se refería a mí; creía que grandes cosas sucedían a mi alrededor porque yo era su motor, y que debía conferirles mi voz, cosas que permanecerían miserablemente en tierra si yo no me afanaba y corría y agitaba mi cuerpo por ellas; en suma, fantasías de la niñez que desaparecen con los años. Pero en aquella época eran poderosas, me subyugaban y, efectivamente, sucedió algo extraordinario que parecía justificar mis caóticas esperanzas. En sí no era nada muy extraordinario —más tarde he visto cosas semejantes y más extrañas aún—, pero me afectó con la fuerza de la primera impresión, imborrable y orientadora. Tropecé con un pequeño grupo de perros, mejor dicho, no tropecé con él, porque vinieron a mi encuentro. Yo había caminado largamente en la oscuridad, con el presentimiento de grandes sucesos —presentimiento que, por constante, me inducía fácilmente a error—, había caminado mucho sin rumbo, ciego y sordo a todo, impulsado sólo por mi deseo impreciso; me detuve con la repentina sensación de haber llegado a buen lugar; levanté la vista y vi que era de día, un día muy luminoso, con algo de bruma, lleno de entreverados y mareantes oleajes de perfumes; saludé la mañana con turbulentas voces y, entonces, corno si los hubiese conjurado, siete perros surgieron de la oscuridad y se presentaron a la luz, con un ruido espantoso, como no había oído jamás. Si no hubiese visto con claridad que se trataba de perros y que ellos portaban el ruido, aunque no podía precisar cómo lo hacían, hubiera huido. Me quedé, pues. Entonces no sabía casi nada del don creativo musical conferido exclusivamente a los perros; había escapado a mi poder de observación que se hallaba en lento desarrollo; tal vez porque la música me rodeaba desde la lactancia como elemento vital cotidiano, indispensable, que nada me obligaba a diferenciar de la vida misma; sólo con indicaciones adaptadas a la mentalidad infantil se había tratado de señalármela; tanto más sorprendentes, casi abrumadores, me resultaron aquellos grandes artistas. No hablaban ni cantaban, más bien callaban obstinadamente; pero como por arte de magia, extraían su música del espacio vacío. Todo era música, las subidas y bajadas de las patas, determinados giros de las cabezas, el andar y el reposo, sus posiciones respectivas, los pasos como de contradanza originados cuando, por ejemplo, cada cual afirmaba las patas delanteras en el lomo del precedente de manera que el primero sostenía, erguido, el peso de los demás, o cuando formaban entrelazadas figuras que se arrastraban, cerca del suelo, sin equivocarse jamás. El último de ellos, todavía un poco inseguro, no encontrando de inmediato la conexión con los otros y en cierto modo vacilante al iniciarse la melodía, lo era sólo comparado con la magnífica seguridad de los otros; y aunque lo fuese por completo, no habría podido echar a perder nada porque los otros, grandes maestros, mantenían inconmoviblemente el compás.martes, 29 de marzo de 2016
Estados de Ánimo..
domingo, 22 de noviembre de 2015
Felicidad Clandestina
No lo aprovechaba
mucho. Y nosotras todavía menos: incluso para los cumpleaños, en vez de un
librito barato por lo menos, nos entregaba una postal de la tienda del padre.
Encima siempre era un paisaje de Recife, la ciudad donde vivíamos, con sus
puentes más que vistos.domingo, 8 de noviembre de 2015
Cántico a San Leibowitz..
A no ser por aquel peregrino que se le apareció de pronto en medio del desierto donde practicaba su ayuno ritual de Cuaresma, el hermano Francis Gerard de Utah jamás habría descubierto el documento sagrado. Era, desde luego, la primera vez que tenía ocasión de ver un peregrino vistiendo taparrabo, según la mejor tradición; pero una ojeada le bastó al joven monje para convencerse de que el personaje era auténtico. El peregrino era un viejo desgarbado, que cojeaba al apoyarse en el clásico bordón; su enmarañada barba mostraba unas manchas amarillentas alrededor del mentón, y llevaba una pequeña mochila al hombro. Se cubría con un gran sombrero, calzaba sandalias y llevaba atado a la cintura un trozo de arpillera pasablemente sucio y deshilachado. Éste era todo su atavío, y el hombre avanzaba silbando (falso) por el pedregoso camino del Norte. Parecía dirigirse a la abadía de los Hermanos de Leibowitz, que se levantaba a unos diez kilómetros hacia el Sur.
jueves, 15 de octubre de 2015
El arpa eólica..
El arpa es el instrumento que, más que ningún otro, reúne en sí mismo la fórmula medieval de lo bello (perfectio prima) y de lo útil (perfectio secunda): es decir, que debe resultar hermoso a la vista y estar construido según las reglas de la armonía formal, y al mismo tiempo, debe ser compatible con su objetivo esencial, que es producir un sonido agradable.Con nueve años yo tenía un arpa. Constaba de un poste eléctrico y de seis pares de hilos conectados a aisladores de porcelana, similares a un juego de té desparejo. (De hecho, uno de los aisladores ya lo había roto yo con un golpe de honda antes de descubrir, en el marco de mi instrumento eólico, la función musical de aquel juego de porcelana china).Ahora que ya he descrito el sistema de afinación, puedo pasar a los restantes elementos.Para obtener un arpa eólica hacen falta (además de las clavijas de porcelana ya mencionadas para afinar las cuerdas) como mínimo dos postes eléctricos de simple madera de abeto alquitranado. La distancia ideal entre los dos postes es de cincuenta metros. El tronco debe haber sido expuesto durante mucho tiempo (de cinco a diez años, por lo menos) a la acción sucesiva de la lluvia, las heladas, y el sol, a fin de que, ante los bruscos cambios de temperatura (de +361° C a -221° C), la madera acabe resquebrajándose. Se partirá, igual que un corazón afligido, cuando se dé cuenta de que ha cesado definitiva e irremediablemente de ser un árbol, un joven abeto, y se ha convertido, definitiva e irremediablemente, en un poste eléctrico.En ese momento, cuando el tronco, hendido y con heridas, comprende que permanecerá para siempre en el suelo, clavado hasta la rodilla, e incluso más allá de la rodilla, sin esperanza alguna de escapatoria, no le queda más remedio que mirar hacia la lejanía, hacia los bosques que le hacen señales con la cabeza. Y entonces tiene que aceptar que sus amigos más cercanos, sus amigos y compañeros, son esos dos troncos que están a unos cincuenta metros de donde él está, a su izquierda y a su derecha, tan tristes como él, e igualmente clavados hasta la rodilla en el mantillo de vegetación que cubre el suelo.Cuando se les conecta por medio de dos hilos y se les coloca, en lugar de las ramas verdes, este juego de té chino (seis pares de tazas puestas boca abajo, en las que ni siquiera los pájaros podrán beber), entonces empezarán a cantar y a tocar sus cuerdas. Basta con pegar la oreja al poste; aunque eso ya no es un poste, ahora es un arpa.Algunos lectores sin experiencia (que nunca han pegado la oreja a un poste eléctrico) pensarán quizá que el viento es indispensable. En absoluto es así. El tiempo ideal para un arpa de estas características es un día ardiente de julio, en plena canícula, cuando el aire vibra de calor y se llena de espejismos, cuando el tronco está seco y suena como si estuviera hueco.Casi se me olvida: el lugar más idóneo para instalar un arpa así es al borde de una vía muy antigua. La de la que hablo ahora seguía el Camino de la Posta, construido en la época en que Panonia estaba habitada por los romanos. Gracias a eso la columna del arpa, como una antena, capta sonidos del pasado; las melodías vienen tanto del tiempo pasado como del tiempo futuro.El juego de cuerdas cubre toda la gama de menor y, pasando por la dominante, llega con facilidad a la mayor.Esto es todo en cuanto al instrumento en sí.Ahora basta con darse la vuelta para comprobar que no hay nadie en el Camino Real, nadie entre el trigo, nadie en la cuneta, y nadie en el horizonte. En caso de que se acerque un carro cargado de paja, de alfalfa o de trigo, hay que esconderse rápidamente en la cuneta y esperar que pase.Resulta obvio: es necesario estar completamente solo. No hay por qué incitar a las lenguas viperinas a que te tachen de loco, como a tu padre, y a que se pregunten qué estás haciendo con la oreja pegada al poste eléctrico. Algunos creerán que te has vuelto tan imbécil que ahora crees que en el tronco partido hay un enjambre de abejas, y que de repente te has vuelto muy aficionado a la miel; otros llegarán a decir que estás al acecho de los aviones de los aliados para informar a tus cómplices; incluso habrá algunos que, llevados por su imaginación, pensarán que estás recibiendo misteriosos mensajes del éter.Por eso (entre otras cosas) vale más comprobar que no hay nadie en el Camino Real, nadie entre el trigo, nadie en las cunetas, y nadie en el horizonte.Lo reconozco: si alguien no entiende nada de música podría creerse que, cuando pega la oreja al poste, está escuchando el zumbido lejano de los aviones para huir del camino y esconderse en la cuneta, o bien correr a toda prisa para avisar a los del pueblo que está a punto de llegar una escuadrilla de bombarderos. Pero ésa no es más que la primera (y falsa) impresión. Se trata más bien del acompañamiento, de los bajos en los que el niño reconoce el sonido del tiempo; porque desde el fondo de los tiempos y de la historia llegan sonidos como llegan desde los cuásares y desde las estrellas lejanas. (El olor de la resina derretida sólo es un estímulo, como cuando en un templo arden hierbas aromáticas, sándalo e incienso).Mientras se queda con los ojos cerrados, lo que le canta el arpa al oído es lo siguiente: que dentro de poco ya no trabajará para el señor Molnar; que su padre jamás volverá; que abandonará la cabaña que tiene el suelo de tierra batida; que finalmente llegará a Montenegro, donde está su abuelo; que tendrá libros nuevos; que tendrá 1.500 lápices, 200 plumas, 5.000 libros; que su madre morirá pronto; que encontrará a la chica que amará para siempre; que viajará; que recorrerá mares y ciudades; que, remontándose a la historia más lejana y a los tiempos bíblicos, investigará sus turbios orígenes; que escribirá un cuento sobre el arpa eólica hecha con un poste y con los cables del tendido eléctrico.


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