Escándalo del Egipto, / tú, que infamando la Libia
miras para la salud / con médicos y boticas;
tú, que acechas con guadañas / y tienes peste por niñas,
y no hay en Galicia pueblo / que tenga tan malas vistas;
tú, que el campo de Cirene / embarazas con insidias,
y a toda vida tus ojos / hacen oficio de espías;
tú, que con los pasos matas / todas las hierbas que pisas
y sobre difuntas flores / llora mayo sus primicias;
a la primavera borras/ los pinceles que anticipa,
y el año recién nacido / en columbrándote expira;
tú, con el agua que bebes / no matas la sed prolija,
que tu sed mata las aguas / si las bebes o las miras.
Enfermas con respirar / toda la región vacía
y vuelan muertas las aves / que te pasan por encima.
De todos los animales / en quien la salud peligra
y su veneno la tierra / flecha contra nuestras vidas,
tanto peligran contigo / los que en veneno te imitan
como los que son contrarios / al tósigo que te anima.
Ansí pues, nunca a tu cueva / se asome Santa Lucía,
que si el mal quita a los ojos / desarmará tu malicia,
que me digas si aprendiste / a mirar de mala guisa
del ruin que se mira en honra, / de los celos o la invidia.
Dime si te dieron leche / las cejijuntas, las bizcas,
si desciendes de los zurdos, / si te empollaron las tías.
Ojos que matan, sin duda / serán negros como endrinas,
que los azules y verdes / huelen a pájara pinta.
pues si no murió, te ignora, / y si murió, no lo afirma,
si no es que algún basilisco / cegó en alguna provincia,
y con bordón y con perro / andaba por las ermitas.
Para pisado eres bueno, / que la Escritura lo firma,
pues sobre ti y sobre el áspid / dice que el justo camina.
Llevarte en cas de busconas / es sola tu medicina,
pues te sacarán los ojos / por cualquiera niñería.